domingo, 27 de noviembre de 2016

Carta desde un glacial

Querida Esperanza:

Primero, quiero enseñarte el comienzo de uno de los tantos informes que hemos redactado tras una imponente cristalera que nos resguarda del frío glacial del exterior:
«Han trascurrido varias semanas desde aquel 30 de noviembre en que el grupo de investigación atravesó los canales patagónicos. El sol quedaba oculto tras inmensos nubarrones que precedían la llegada de una de las muchas tormentas que asolaban esa ubicación cada vez con mayor frecuencia. Desde el barco se divisaban las montañas nevadas y gigantescas lenguas de nieve de las que se desprendía nieve en polvo. Esta descendía hasta las aguas tranquilas...».

Desde que hemos llegado, estos informes se han vuelto demasiado rutinarios y, en ocasiones, aburridos. Ninguno de ellos permite ver cómo la tierra desconocida, que solo habíamos visto a través de una pantalla, se ha tornado en cotidiana para nuestro equipo. Los días se suceden uno detrás de otro, sin apenas variación. Da la impresión de que la paleta del artista que pintó este paisaje carecía de algunos tonos, como el rojo furia o el morado de los pensamientos. En este lienzo tan puro predominan la gama del gris, el blanco, el marrón y el azul. Las únicas pinceladas de negro visibles son las de los pingüinos, que deambulan por la rocosa orilla en pequeños grupos. Además de estas tranquilas aves marinas, también hemos podido filmar durante algunas horas a los pesados elefantes marinos y a las ágiles focas.
Aquí parece que el tiempo no transcurre y, sin embargo, ha grabado su huella en mí. Ese cuadro se filtra por los resquicios de mi alma y mis sensaciones se intensifican. Siento que vivo una rutina que nunca acaba y mi soledad va en aumento. Los días son demasiado fríos y escasean las novedades en nuestro trabajo. A pesar de las increíbles vistas que observo desde mi ventana, poco a poco se va adueñando de mí un sentimiento de pérdida que nunca hasta ahora había anidado en mi interior. Siento que me faltas y, por eso, hoy te escribo estas pobres letras. Necesito recuperarte para poder apreciar este paisaje virgen que tan solo voy a visitar una vez en la vida.

Atentamente,
un desesperanzado

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