domingo, 12 de febrero de 2017

Elucubraciones

A veces nos apetece quedarnos a mitad del camino, donde la quietud nos calma y los pequeños sonidos afinan nuestro oído. Ese kilómetro en la carretera parece llevar nuestro nombre escrito y el asfalto nos susurra palabras encantadas.
Imagina que hay una mesa con unas viejas sillas de metal en las que poder sentarte. Luego coloca esta estampa a la sombra de un roble. Es el momento de reflexionar sobre el pasado irrevocable, el presente incierto y el futuro desconocido. Piensa. ¿Qué quiero? Pon en la mesa todos tus objetivos, tus deseos y tus sueños. Olvida el tic-tac del reloj y cuando tengas clara la respuesta, visualiza el modo de conseguirlo. Guarda en un cajón el miedo y échale el cerrojo a ese 'dalo todo por perdido'.
Quien no arriesga, no gana. Quien no se atreve, vivirá siempre con la duda. Y si... Tres letras que caen como una losa sobre nuestros hombros y estoicos soportamos su peso. Creemos que es más fácil acomodarse y dejarse llevar por la rutina. La mirada pierde su brillo y los brazos caen rendidos.
Y me pregunto, ¿eso es vivir? No puede ser. Las personas dejar pasar los días a la espera de un milagro. No quieren reconocerlo, pero todos sueñan con una varita mágica y con deseos cumplidos. No saben que ese milagro son ellos mismo y que en su manos está el poder de crear las cosas, cambiarlas e incluso reconstruirlas. Ni yo misma lo he comprendido aún. ¿Quién alcanza a entender el auténtico significado de la palabra vida?

domingo, 29 de enero de 2017

Frío

Hielo en las venas,
sangre en la botella,
frío en el alma,
calor en el coche.
Un motor ruge,
un corazón se apaga.
Él huye en tinieblas
y ella duerme en el asfalto.
Tú, único testigo, y yo
cobarde de mi silencio.

Y de pronto, encuentras una canción que describe con demasiada perfección un relato que has escrito y empieza con este poema. Os dejo por aquí la canción:


domingo, 15 de enero de 2017

Final

No importaba que esas princesas de cuento ya se hubiesen desconchado y sus vestidos deshilachados; ni que quedasen recluidas en un rincón del desván. Eso carecía de relevancia porque la melancolía hacía meses que se había enredado en el alma de Sofía.
Fui incapaz de cortar las ramas que apresaban su corazón y se lo estrujaban con fuerza. Tampoco presencié como ella se libraba de su dolor con una cuerda y un taburete. Solo llegué a atisbar una puerta entre abierta y sus zapatos flotando en el aire. Una estampa fría y bella.
Mi corazón dejó de latir en ese mismo instante y como un autómata, anudé otra cuerda junto a la de ella y sujeté su mano hasta mi último aliento.

domingo, 1 de enero de 2017

Arte y vida. Ulay (Uwe Laysiepen) y Marina Abramovic

The first time, 1976

Un escenario, una estrella de sangre y ella. Solo ella, iluminada por los focos y desnuda, con una cuchilla en su mano. Me vi atrapado en ese instante.

Fui testigo de una de sus performances por primera vez. Había oído rumores sobre ella. Nunca la había visto hasta ese día. Tal vez debería haberla conocido antes. Tal vez ella fuese la estela de luz imperfecta que iluminara mi camino. Tal vez fuese el momento de convertirnos en uno. Nuestras miradas se cruzaron y la duda se tornó en certeza.