domingo, 15 de enero de 2017

Final

No importaba que esas princesas de cuento ya se hubiesen desconchado y sus vestidos deshilachados; ni que quedasen recluidas en un rincón del desván. Eso carecía de relevancia porque la melancolía hacía meses que se había enredado en el alma de Sofía.
Fui incapaz de cortar las ramas que apresaban su corazón y se lo estrujaban con fuerza. Tampoco presencié como ella se libraba de su dolor con una cuerda y un taburete. Solo llegué a atisbar una puerta entre abierta y sus zapatos flotando en el aire. Una estampa fría y bella.
Mi corazón dejó de latir en ese mismo instante y como un autómata, anudé otra cuerda junto a la de ella y sujeté su mano hasta mi último aliento.

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